Los inicios del comercio exterior, no en
el sentido estricto, pero si en el figurado nació en el Neolítico. En ese
tiempo no existía el concepto de lo que en la actualidad se conoce como “Soberanía nacional” y que provienen de
la doctrina de Montesquieu, como la entidad abstracta y única, vinculada
normalmente a un espacio físico “la tierra patria” a la que pertenecen los
ciudadanos presentes y futuros. Se supone, con el permiso del Señor de la Brède
y Barón de Montesquieu, que en aquella época la soberanía recaía en la tribu,
aunque esta fuera nómada.
En ese tiempo comenzó la especialización
en el momento en que los hombres se dividieron en agricultores ya asentados en
terrenos estables por el tiempo, mientras que los cazadores seguían como en el
paleolítico de forma trashumante en busca de la caza, más adelante estos
cazadores dejaron el seguimiento de la caza y se asentaron como pastores en
lugares cercanos a los poblados agrícolas. En esos momentos comenzó un
intercambio de alimentos y de elementos de almacenajes, todas ellas necesarias
para la comunidad.
Con el tiempo las tribus tuvieron
excedentes y dentro de ellas comenzaron otras nuevas especializaciones al no
ser ya necesario que toda la tribu trabajara en el campo y poder dedicarse
otros miembros del grupo a realizar tareas especializadas que hicieran más
cómoda la vida en la tribu. Comenzó el
comercio entre los habitantes de la tribu mediante el trueque de objetos de igual valor que eran producidos
por la población especializad de su
comunidad. Con el tiempo el comercio dejo de ser interno y empezó desarrollarse
entre tribus cercanas y especializadas. Normalmente eran armas, elementos para
el transporte y almacenamiento, utensilios agrícolas e incluso con el tiempo
elementos de lujo. Este intercambio produjo un gran crecimiento en tecnología e
intercambio cultural y social. La moneda o el dinero, apareció más tarde y no
deja de ser un medio de trueque, al asignarle un valor (capacidad de trueque)
para facilitar el intercambio de mercancías y bienes. El dinero no sólo sirve
para el intercambio, sino que también es una unidad de cuenta y una herramienta
para almacenar valor, al igual que las mercancías valiosas de antaño.
Las primeras civilizaciones sumerias ya
comerciaban, después le siguieron otros, pero no fue hasta la Edad Media cuando
comenzaron a surgir rutas comerciales importantes y de medio y largo recorrido
entre países y/o ciudades, principalmente para suplir la demanda de
mercancías de lujo y especies para la conservación de alimentos que solicitaban
los ciudadanos europeos de los países y ciudades de oriente, así se crearon
entre otras, la Ruta de la Seda (entre China y Europa) la de la
Pimienta (Europa y la India) la de los Tintes, la de la Lana,
la del Volga etc.
En 1190 se crearon las rutas internas
europeas entre las ciudades del norte de Italia con las de centro Europa
comerciando con tejidos y especies que venían de Oriente o que se producían en
esas ciudades italianas. Posteriormente los alemanes desarrollaron el comercio
en el Báltico (Liga Hanseática) y por el estrecho de Gibraltar con el norte de
Italia. Ya en la Alta Edad Media se produjeron cambios importantes en el
comercio debido a la caída del imperio mongol por un lado y por otro a que los
otomanos y musulmanes se hicieron con el control del mediterráneo lo que
provocó que los comerciantes europeos ya no pudieron utilizar la ruta del
mediterráneo para comerciar con oriente debido a su inseguridad.
Con la cancelación para occidente de
estas rutas, los puertos del mediterráneo comenzaron a perder importancia y
pasaron a tomar importancia puertos del Atlántico y del Báltico. Flandes comenzó a tener una importancia que
hasta le época no había tenido; las lanas producidas en Inglaterra y España se
trasladaban a Flandes para producir tejidos y desde ese territorio se enviaban
a toda Europa, produciendo a los habitantes de Flandes un aumento significativo
de su nivel de vida.
Los navegantes y comerciantes comenzaron
a buscar nuevas rutas con las cuales volver a comerciar con Asia y se empezó por
medio de los navegantes portugueses siguiendo la costa africana y poco después
los españoles que se dirigieron hacia el oeste en busca de una ruta más corta
con Asia.
Los españoles se encontraron con otro continente, hasta
entonces desconocido por los europeos. Después de un primer desconcierto y
llegar a la conclusión de que no habían llegado a Oriente, sino a un nuevo
continente, comenzó un comercio entre América y Europa con la entrada en este
nuevas materias primas, hasta entonces desconocidas en Europa; así como la
entrada de ingentes cantidades de de oro y plata que fueron a parar a manos de
los banqueros de Flandes, que eran los que financiaban las guerras de Felipe II
y de su padre Carlos I, con lo cual también se puede decir que comenzaron los
movimientos de capitales internacionales.
Con
los avances tecnológicos en los medios de transporte del siglo XVIII comenzaron
nuevas rutas por Asia y polinesia en busca de nuevas especies que se demandaban
en esas épocas, siendo estas rutas lentas y arriesgadas al igual que las
americanas. Con la invención del barco de vapor en el siglo XIX las travesías se convirtieron
en más rápidas y seguras, comenzando a crearse grandes compañías oceánicas que
tenían rutas concretas y puertos de destino fijos que produjo un gran cambio
económico en esos lugares (Liverpool, Nueva York, etc).
Ya
a finales del Siglo XX se produjeron grandes avances tecnológicos en el
transporte y en la comunicación que provocaron un nuevo cambio radical en el
comercio internacional y la aparición del concepto de Globalización con la
intención de rebajar los costos de producción con el fin de posibilitar un
entorno competitivo global. Lo que provoca en muchos casos (siempre ha
sucedido, pero ahora con mayor rapidez) el traslado de empresas de ubicaciones
en busca de costos menores de producción, lo que ha provocado protestas de los
sindicatos en los países industriales y de los anti sistema buscando políticas
más proteccionistas para los países menos desarrollados.
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